Ismaneville ha diseñado siete grandes obras textiles para la amplia sala del Carré à la Farine, en Versalles. Estas cobran vida con el paso de los visitantes y vuelven a quedarse inmóviles poco después de su paso.
Ismaneville esculpe la tela. Utiliza la fluidez de este material para crear obras sensibles a los movimientos del aire, trabajando con materiales de origen natural. Sobre estos tejidos, Ismaneville pinta los sutiles matices cromáticos de los cielos de su Normandía adoptiva. Recorta sus pinturas, las ensambla, les hace agujeros para crear esculturas flexibles y coloridas que vibran con el soplo del aire. Las obras palpitan, haciendo surgir otros matices según la luz que las acaricia. Ismaneville califica sus obras de cromocinéticas.
La artista instala sus obras textiles durante un tiempo en lugares al aire libre: playas, riberas, claros, arcos de viaductos... Las esculturas se estremecen al compás del viento.